9.14.2008

Herencia culinaria

La cocina era para mi algo parecido a la dimensión desconocida, un lugar del que sabía o intuía cosas pero, realmente, nada en concreto, solo eran especulaciones. En este caso, el misterio tenía que ver con la forma como los alimentos que llegan a ella, dentro de muchas bolsas de plástico de algún supermercado, son transformados en maravillosos platos humeantes que provoca comérselos sin dar tregua. Bueno, por lo menos eso era lo que la sazón de mi madre me hacía sentir.

Vivir por mi cuenta me hizo enfrentar sin remedio a esa zona de la casa a la que yo temía tanto y ante la cual tantas veces me arrodillé para agradecerle, de corazón, el haberme entregado casi ilesa a mi madre después de sus muchas cruzadas; y digo “casi” porque, en ocasiones, no faltó el dedo cortado o el quemón en el brazo.

Hoy salí de la cocina feliz y asombrada por la buena sazón de un pollo sudado con papa que me arriesgué a preparar, sin más condimentos que la sal y el sabor natural de medio pimentón anaranjado, medio de uno verde, un tomate rojo y media cebolla. Mientras saboreaba el primer bocado no pude diferenciar el recuerdo del presente y sentí un anormal orgullo por mí misma (¿o por mi madre?) porque cocinar sin envenenar resultó ser innato en mí. He heredado la sazón de mi madre, no hay otra explicación porque a mi nadie me dio clases de culinaria ni me habló sobre el equilibrio químico de los condimentos en los alimentos.

Lo cierto es que la cocina seguirá siendo un lugar de respeto en mi casa porque ya sufrí las consecuencias de cocinar con afán y, al parecer, esos comportamientos son castigados en el sagrado templo del sabor; esta vez fue mi pulgar izquierdo el que casi termina como ingrediente adicional en la cena.

4 comentarios:

Gloria dijo...

hija lo que me asombra es que aprendiste por òsmosis (o es genètico)??? pues nunca fuiste a verme cocinar!!!entonces còmo fue... (milagro!!)

Lalah dijo...

Yo creo que fue una mezcla de ambos, madre, aunque no lo creas, sí te observé muchas veces en esa cocina porque sabía que este día iba a llegar.

Paula dijo...

jajaja, a mi tambien me pasó lo mismo por aca, me arriesgué a cocinarle a mi novio y me asombré de lo bueno que quedó. Creo que aparte de haberle heredado el sazón a mi mamá, tantos días de mezclar reactivos y seguir protocolos de biologia molecular dieron fruto, jejeje.

Gloria dijo...

ahora si qusiera irme ya a visitarlas para probar esos menus!!!