9.21.2010

Pistolas

Esta mañana me hicieron pistola. Estoy a más de 4000 km de casa y la gente acá también se levanta con ganas de pelear. En East Lansing siempre me he sentido tranquila, sin estrés al aventurarme en sus calles, el tráfico es muy suave y los trancones -si se arman- son tan organizados que hasta risa me dan. La gente, sin embargo, se queja de la hora pico -seguramente porque en la autopista ya no pueden ir a más de 70 mi/h (a mi me asusta ir tan rápido)- y de las colas de dos carritos en la caja registradora del supermercado. Definitivamente no conocen la vida en Bogotá.

A veces creo que quejarse es una necesidad y por eso es que a donde quiera que vaya me voy a encontrar al desgraciado que me hace pistola y me nombra la madre a las 8 de la mañana. Cierto es que me colaboró bastante con el largo proceso de despertar a mi novio en la mañana.

8.20.2010

Antonio del alma mía

Y así como papel en el fuego, parte de mis miedos (aunque debería decir, "gran parte") han desaparecido. Así de fácil. Así de inesperado (apesar de todas las señales que opté por no analizar). Un día cualquiera. Finalmente, alguien se atrevió a arriesgar su vida entera conmigo. ¡Conmigo! Yo todavía no lo puedo creer, y hay quienes le dan a él su sentido pésame (en broma, tal vez... pero yo me pregunto si de verdad él sabe en la que se puede estar metiendo).

8.03.2010

Lentamente

A mi tío abuelo le diagnosticaron cáncer en la garganta hace algo más de un año. Hoy, ya no puede hablar ni comer, y hasta caminar es otra dificultad. La quimioterapia le cerró la garganta.

La navidad pasada lo ví con un tubo en la garganta para facilitarle la respiración, y ahora tiene otro en el estómago para pasarle alimento líquido. No he visto su deterioro en persona (soy afortunada), tan sólo se lo que me cuentan por teléfono o correo electrónico... el último me hizo llorar.

"... Ayer, él se despidió de la abuelita Marujita que fue a verlo. Tilcia me dijo que cuando ella salió del cuarto, él movió su mano en un adiós y se quedó llorando..."

Una despedida antes de la trombosis que le dio esa misma noche.

Mi tío ha sido completamente consciente de lo que le está pasando (después de la trombosis, tal vez ya no, espero que sea mejor para él) y, aún así, ha sido fuerte, no se ha rendido. Pero yo me sigo preguntando, ¿por qué la gente tiene que morir tan lenta y dolorosamente? Todos nos iremos de este mundo (tarde o temprano esa es la única verdad), ojalá yo pudiera decidir cuándo será mi día y cómo me iré...

7.30.2010

El cíclope

Hoy me encontré a esta criatura mitológica mientras hacía mi ronda de fitopatóloga por el viñedo. Primero me asusté -le tengo miedo patológico a los insectos, y mi condición empeora con el tiempo, tal vez sea la edad-, pero luego me armé de valor para tomarle unas fotos. Para ser sincera, nunca había visto algo semejante, con esos colores tan brillantes, contrastantes y formas tan definidas, para mí el ojo es alucinante.

7.26.2010

7.25.2010

Remembranzas

Mi tía me vino a visitar por una semana y se hizo lo posible por dejar el trabajo a un lado para estar con ella. Hacía dos años que yo no la veía y para ella eran 40 desde la última vez que vino a Michigan. Su historia de inmigrante comenzó en este estado, lavando tiestos mugrientos para ahorrar algo de dinero. Así se pudo pagar su curso de inglés en MSU, y muy orgullosa volvió al campus a recorrer sus pasos. Ella es una de tantas personas que vivió el "sueño americano" a punta de sudor y lágrimas.

Pero esta vez ella volvía como turista y la llevé a recolectar arándanos azules, de paseo por el lago Michigan, a jardines, a museos, ¡y hasta a trabajar en viñedos conmigo! Hoy se fue, y me quedé sola con la gata y un montón de fotos que me hacen sonreír.

7.13.2010

La terapia de reir

No me había dado cuenta de lo poco que me rio, y ahora, después de dos días seguidos de idas a cine a ver películas de monachitos, me siento renovada, como energizada. Reir hasta que el estómago me duele, reir hasta ahogarme en ataque de tos, reir hasta que el aliento me alcance. Reir de esa manera me encanta, sin inhibiciones.

En esta ocasión, la terapia se la debo al Buzzo y a los minions, ¡simplemente excelente!

7.05.2010

¡Rollitos!

Cada vez que los veo me dan unas ganas enormes de salir corriendo para saltar encima de uno de estos rollos de heno... ¿Por qué será?

5.22.2010

Fragmentos completos

Me sudaban las manos ahí, parada enfrente de esa puerta de madera pintada de blanco, esperando a que él apareciera del otro lado, entre la penumbra y tal vez con ese peinado que sólo un sofá o una cama es experto en hacer. En mi cabeza recitaba las mil y una formas de decir “hola” pero ninguna se escuchaba bien, estaba nerviosa, habían pasado ya varios años desde la última vez en que lo había visto y por cuestiones del azar volví a dar con su paradero. Estaba en la ciudad, al fin ambos estábamos viviendo en la misma ciudad.

La puerta empezó a abrirse y el latido de mi corazón se aceleró al punto de escucharlo en mi cabeza, como si se hubiera subido del susto. Del otro lado, una figura delgada apareció. Era una mujer. Llevaba puesto una camisa blanca, de hombre, de él. Yo, con voz entrecortada me disculpé pero pregunté por él. Ella trató de aclarar su garganta antes de decirme que había salido, pero que no se demoraba, que si lo quería esperar. Yo sólo quería salir de ahí corriendo pero dije que sí, que muchas gracias.

Me ofreció café, yo acepté, y desde la silla que ella me ofreció para sentarme, la observé caminar hacia la cocina. Era una hermosa mujer, tal vez teníamos la misma edad pero yo había envejecido más rápido. Se paró de puntas de pie para alcanzar el café, mientras su camisa blanca dejaba ver parte de sus nalgas. Era una hermosa mujer. Sentí vergüenza, de mi misma por estar ahí, sentada en la sala de alguien que ahora es un completo extraño. Por pensar que el tiempo no había pasado, que todo era igual, o que lo iba a ser cuando nos volviéramos a ver.

Mi celular sonó, y lo busqué entre mi cartera. Desde la cocina, ella me escuchó decir que ya iba para allá, que me tomaría 20 minutos en llegar. Me disculpé, le dije que vendría en otra ocasión, que una emergencia se me había presentado, y que muchas gracias por el café.

En la calle, de espaldas a su edificio, suspiré y empecé a respirar. Volví a casa, besé a mi esposo en los labios, a mi hijo en la frente, y me fui a la cocina a preparar algo cenar. Mientras cortaba vegetales, la alarma de mi celular volvió a sonar.


... los sueños.

5.18.2010

Sin las ganas

Mi vida se ha vuelto muy solitaria. Hay algunos viejos amigos cerca, pero cada cual anda en su cuento. A los amigos que están lejos, los he dejado ir. Amigos nuevos, nunca hice. Poco a poco creé una burbuja, y en ella ahora vivo con él y una gata, la pequeña Cracker.

Me doy cuenta de lo que he hecho y trato de no caer nuevamente en la obsesión de estar siempre con él, pero no es fácil. Ahora no sólo comparto la misma oficina con él, sino que vivo con él. Se podría decir que paso con él casi las mismas horas que paso conmigo misma, y eso, ahora que lo escribo de esa manera, es aterrador. ¿Cómo no caer en la dependencia cuando mi vida social y familiar se ha reducido a él y una gata?

Tengo familia cerca, a 20 min en carro. Tengo el carro pero no tengo las ganas. Ellos son muy diferentes (o yo soy la diferente) y así como no pude hacer nuevos amigos aquí, con ellos no pude pasar de la cordialidad.

Ojalá todas las cosas pudieran ser más simples pero parece que, sin importar lo que pase, siempre seré la que se aferra del lado oscuro para vivir. Siempre he sido muy negativa, de verdad que no entiendo porqué, nunca me ha faltado nada... tal vez ese sea el problema, que no se apreciar las cosas que tengo y por eso las dejo ir, como a esos buenos amigos que alguna vez tuve y ahora extraño.

Dejé que el trabajo y la vida hogareña me consumieran el tiempo y las ganas. Cuando tengo tiempo para mí (sólo para mí), no tengo las energías para hacer algo diferente a ver una película con Cracker al lado pidiendo atención y llenándome de pelos.